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Fecha: junio 25, 2020 Autor: Redacción Parametro
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Pobreza y clientelas rumbo al 2021

La pobreza es una problemática social, pero también caldo de cultivo para los populismos de izquierda o derecha.

Pobreza y clientelas rumbo al 2021: Paul Valdés

El premio nobel de economía en 1998, el hindú Amyrta Sen advertía que el desarrollo es un proceso integral de expansión de las libertades. La libertad es medio y fin del desarrollo.  A su vez, la falta de libertad económica, en forma de extrema pobreza, puede hacer, que una persona sea víctima indefensa de la violación de otras libertades como la política. Lamentablemente, la actual crisis económica y social traerá una mayor cantidad de pobres, pero también de potenciales clientelas político-electorales que buscarán ser persuadidas para votar en el próximo proceso electoral de junio de 2021. La pobreza es una problemática social, pero también caldo de cultivo para los populismos de izquierda o derecha. 

Nuestro país registra enormes brechas de desigualdad que impiden la movilidad de los mexicanos. Nacer en un estrato bajo o indígena, -más allá del esfuerzo y mérito que son virtudes individuales- dificulta el paso a un estrato más alto. En otras palabras, nacer en un hogar de estrato medio o alto, o ser de piel más blanca, posibilita que esa persona pueda tener mayor movilidad laboral y social, tal como lo evidencian las encuestas sobre desigualdad social y discriminación del Centro de estudios Espinoza Yglesias (CEEY). 

Durante las últimas tres décadas, México ha registrado un crecimiento económico promedio del 2%, lo cual es insuficiente para la oferta que año con año se integra al mercado laboral. Durante los primero dos años de este sexenio, el crecimiento es negativo, particularmente 2020, amenaza con un decrecimiento de hasta 8%, lo que dificulta reducir la pobreza y la desigualdad social, temas bandera del actual gobierno. El Presidente arribó al poder con una agenda social que busca reducir la pobreza y la desigualdad, por lo que cuenta con un amplio respaldo popular, sin embargo la crisis puede erosionar una parte de esa base social. 

Algunos de los efectos regresivos de la crisis es el quiebre de empresas, y la consecuente pérdida de empleos. Tan solo en el mes de abril, el INEGI advirtió la pérdida de 12 millones de fuentes de ingreso en el primer mes de la cuarentena, la mayoría de ellos en el sector informal, y en los de menores ingresos. Evidentemente, la pregunta clave es si la economía tiene la capacidad de recuperarlos en el menor tiempo posible para revertir este tremendo daño al trabajo de los mexicanos. 

De acuerdo a un análisis del Consejo Nacional de Evaluación, el impacto económico del COVID-19 en México podría aumentar la pobreza por ingresos entre 7.2 y 7.9%. Esto significa que entre 8.9 y 9.8 millones de personas se sumarán a la población con recursos insuficientes para adquirir una canasta alimentaria, básica que dicho sea de paso experimentará subidas de precios más altos que el resto de los bienes y servicios.

El debate generado por el Presidente sobre la eventual desaparición del consejo nacional para prevenir la discriminación (Conapred) es vigente porque esta institución representa una avanzada en favor de reducir la discriminación en México. Clasismo y racismo son fenómenos que se entrelazan, presentes y visibles en nuestra sociedad, por lo que requieren de una institución que trabaje específicamente en el tema. Esperemos que así como pasó con los recortes a instituciones educativas como la UNAM, CIDE; la presión de la opinión pública provoque que el Presidente recule en su idea de desaparecer al Conapred. 

El fenómeno de la pobreza, la desigualdad, el clasismo y racismo están visibilizados, y son parte de la agenda pública, sin embargo son usadas para polarizar ideológicamente y dividir rumbo al 2021, en lugar de convocar a la unidad para disminuir seriamente desigualdad social, y experimentar como afirma Amyrta Sen, el desarrollo como libertad. 

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