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Fecha: February 4, 2020 Autor: Mtro. Paul Valdes
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Populismo sin contrapesos

Una de las esperanzas para generar contrapesos surge desde la sociedad civil…

A un año y dos meses de asumir la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador ha alcanzado niveles de popularidad históricos. 7 de cada 10 mexicanos aprueban su desempeño, y es percibido como cercano y honesto. Una mayoría ve en el político tabasqueño una esperanza de cambio. La alta aprobación presidencial se sitúa en medio de la mayor crisis de seguridad pública y una economía estancada.

Decisiones polémicas como la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el desabasto de gasolina o medicinas han sido justificadas para combatir la corrupción, y al momento no han afectado la credibilidad del Presidente quien ejerce un liderazgo populista sin contrapesos. Debido a la alta popularidad y emotividad que conllevan estas decisiones, la capacidad para gobernar se percibe de forma marginal. En otras palabras, el estilo populista es sumamente exitoso en México porque conecta con las emociones de castigo a la corrupción, sin embargo no significa que estas sean buenas decisiones de política pública.

Por definición un populista representa los intereses de la sociedad, sin embargo muestra su lado oscuro, cuando estos personajes se asumen como el auténtico y único representante del pueblo. El populista, señala Jean Werner Müller en su libro “que es el populismo”; convoca a refrendos abiertos (consultas a modo) para reafirmar su carácter de representante auténtico de la “gente real” o del pueblo. Lo más peligroso del populismo es el anti pluralismo, y la consecuente pérdida de la tolerancia ante opiniones diferentes al líder populista. El ataque a los órganos autónomos como el INE, INAI, INEGI en el fondo debilitan nuestra democracia, y a la necesidad de contar con contrapesos.

En este momento es evidente la ausencia de contrapesos al poder presidencial, empezando por el de una oposición partidista que cuestione. Los partidos de oposición brillan por su ausencia del debate público nacional. El PRI ha seguido un estilo de oposición colaborativa al proyecto de AMLO, el PAN cuestiona desde su grupo de gobernadores, sin embargo se percibe dividido y no cuenta con liderazgos nacionales con credibilidad. El PRD esta desaparecido de la escena pública. Lo que es un común denominador es que la oposición no cuenta con liderazgos políticos emergentes. Los expresidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña registran opiniones negativas asociadas a su imagen, por lo que sus posturas y críticas no resultan atractivas para la mayoría de la población.

En el mismo orden de ideas no existen contrapesos porque AMLO domina la agenda política y pública del país, y en parte es su virtud como líder de opinión sin embargo dicho monopolio impide que otras opiniones se difundan. Con posturas polémicas como la rifa del avión presidencial distrae a la opinión pública de temas importantes como la crisis de seguridad pública, el estancamiento de la economía, y el desabasto de medicinas.

La virtud del Presidente es que ha desarrollado una imagen pública de férreo opositor a la corrupción, caracterizado por una postura en contra del poder político establecido (establishment), y ahora como Presidente ha sido consistente con ello.

Una de las esperanzas para generar contrapesos surge desde la sociedad civil. La reciente caravana por la paz convocada por los activistas Sicilia-Lebaron acompañados de víctimas de la inseguridad y violencia es una luz en el camino. Lo malo es que cuando el líder populista asume que solo el puede representar los intereses del pueblo, desacredita las opiniones y manifestaciones que lo cuestionan. El pasado domingo, grupos de fanáticos López obradoristas agredieron e impidieron el paso de la caravana en pleno centro de la ciudad de México. Lo lamentable es la intolerancia de la base dura de Morena son son alentadas por la propia autoridad. Los liderazgos populistas gozan de buena salud porque se alimentan del enojo y la frustración contra los abusos de la política tradicional, en tanto que la democracia está en riesgo por la ausencia de contrapesos.

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