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Fecha: May 2, 2019 Autor: Redacción Parametro
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Centennials e hipercompetitividad

“Los hombres de tu planeta -dijo el principito- cultivan 5 mil rosas en un mismo jardín… sin embargo no encuentran lo que buscan.”

Los niños que celebraron este 30 de abril pertenecen a los centennials. Este grupo generacional nació con el nuevo milenio (en el año 2000 o después), en un mundo hiperconectado e hipercompetitivo que ha hecho que su interacción sea distinta a la de las generaciones anteriores.

Los centennials no han conocido la vida sin internet y esto marca su manera de vivir; por ejemplo, su capacidad para mantener la atención es inferior a la de los millennials por la dinámica que experimentan en sus dispositivos (8 segundos versus 12 aproximadamente); poseen un lenguaje visual más intuitivo que el de las generaciones anteriores; comunican a través de su propia imagen y prefieren reinventarse, por lo que recurren a plataformas donde los mensajes tienen fecha de caducidad.

Viven en un contexto que los orilla a permanecer estáticos, por lo que su aprendizaje se ve obstaculizado ante la disminución del juego: la inseguridad pública que limita sus posibilidades de jugar al aire libre; la presión por estar preparados y destacar en un mundo altamente competitivo y lo llamativo que resultan los videojuegos y dispositivos móviles, son factores cruciales.

Si bien las nuevas tecnologías pueden ser una extensión para obtener conocimiento y experiencias, los expertos recomiendan que el uso de nuevas tecnologías por niños se haga bajo supervisión de un adulto, de tal forma que el niño esté protegido de experiencias negativas y no exceda su uso, porque resultaría contraproducente para sus capacidades cognitivas además de que fomenta el aislamiento, el sedentarismo, la obesidad y merma la empatía.

En la medida que se reduce el tiempo de juego -inherente a la infancia- se reduce también el aprendizaje. De ahí la importancia de que los padres y maestros recuperen esta forma de recreación e interacción en la que los niños adquieren habilidades y conocimientos útiles no sólo para su futuro académico y laboral, sino también para relacionarse con otras personas y vivir felices.

Es indispensable recordar que la clave es que sean felices antes que competentes.

 

Redacción: Yanet G. Sánchez / Paul Valdés

 

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