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Fecha: August 15, 2016 Autor: Redacción Parametro
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¿Cómo reducir el sesgo de deseabilidad social?

La deseabilidad social es la necesidad psicológica que los seres humanos tenemos de ser aceptados por quienes nos rodean.

La necesidad de aprobación es tan grande que la recompensa social de mentir (y ser aceptados) suele parecernos mucho mayor que la recompensa ética de decir la verdad (y ser rechazados). En el campo de las ciencias sociales, la deseabilidad social se manifiesta a través de un sesgo que dificulta la estimación precisa de la distribución de opiniones sobre temas “difíciles”; es decir, los temas que nos hacen pensar que expresar una opinión diferente a la “socialmente aceptada” tiene una alta probabilidad de provocar rechazo social. Es por ello que, en estudios sobre adicciones, hábitos sexuales, creencias religiosas, interrupción del embarazo y consumo de drogas, entre otros temas “difíciles”, los entrevistados suelen ocultar sus opiniones verdaderas, arrojando errores estándar muy grandes y tasas de rechazo más altas que las registradas en preguntas sobre temas “fáciles”.

 

 

¿Cómo se mediría entonces la corrupción o el clientelismo electoral?

Pocos mexicanos están dispuestos a reconocer públicamente que “vendieron” su voto a cambio de dinero, una despensa o materiales de construcción, lo cual es entendible. No obstante, para empezar a resolver este problema, en 2013 se realizó una encuesta que utilizó una técnica conocida como experimento de lista, con el objetivo de capturar la opinión verdadera de los entrevistados sin necesidad de cuestionarles directamente sobre asuntos “difíciles”, reduciendo así el temor al rechazo social y por ende el sesgo de deseabilidad. [1] El estudio se realizó en un distrito local urbano del estado de Tlaxcala, a pocos días de una jornada electoral en la que se eligieron ediles, diputados locales y presidentes de comunidad.[2]

El experimento: la muestra se dividió aleatoriamente en dos grupos. Al primer grupo (“control”) se le presentó una lista de tres actividades y se le preguntó cuántas —no cuáles— “habían realizado en las últimas semanas”. Al segundo grupo (“tratamiento”) se le presentó la misma lista de tres actividades más una cuarta relacionada con corrupción electoral. También se le preguntó cuántas —no cuáles— “habían realizado en las últimas semanas”. Al plantear las preguntas de esa manera, los entrevistados tuvieron la certeza de que el entrevistador no podría saber si vendieron su voto.

El análisis requirió de tres pasos: 1) Estimar la media de las actividades reportadas en cada grupo; 2) estimar la diferencia de medias de las actividades reportadas en cada grupo, y 3) realizar una prueba de hipótesis para confirmar que la diferencia de medias era estadísticamente significativa. Cuando la diferencia es estadísticamente significativa, se tiene una certeza muy alta (superior al 99%) de que la cifra no es producto del azar. De las 801 personas entrevistadas, 401 recibieron la pregunta “control” y 400 la pregunta “tratamiento”.

Tras descartar a las personas que optaron por no contestar las preguntas, las medias de las actividades reportadas por los grupos control y tratamiento fueron 1.52 y 1.75, respectivamente, arrojando una diferencia de medias de 0.23 (valor p = 0.00 y error estándar = 0.06). Es decir, de acuerdo con el experimento, al 23% de la población se le ofreció “un regalo, favor o acceso a un servicio a cambio de su voto”.

Para estimar la proporción de entrevistados que ocultaron su respuesta verdadera, a todos se les preguntó posteriormente de manera directa si en las últimas semanas alguien les “había ofrecido un regalo, favor o acceso a un servicio a cambio de su voto”. Sólo el 4% respondió que sí. El 83% de las personas expuestas a esas ofertas prefirieron mentir al ser interrogadas directamente al respecto, arrojando un sesgo de deseabilidad social de hasta 19%.

La lección es que a través de preguntas discretas y técnicas experimentales sencillas es posible medir con mucha mayor precisión temas “difíciles” para la población, susceptibles al sesgo de deseabilidad social, lo cual obliga la pregunta: ¿Y si en vez de medir la “percepción” de diferentes tipos de corrupción con preguntas susceptibles a infinidad de sesgos y errores sistemáticos, midiéramos la “incidencia reportada” con medidas discretas más precisas, veraces y robustas?

 

 

 

Artículo original: http://blog.amai.org/index.php/clie…

 

Recomendado: ¿Qué tanto confían los mexicanos en el #SistemaNacionalAnticorrupción? http://www.cabildo.com.mx/portal/in…

 

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