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Fecha: November 11, 2013 Autor: Redacción Parametro
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Día Mundial de la Diabetes

Las instituciones de salud son sólo uno de los factores claves en el proceso de tratamiento y estabilización del diabético, pero el paciente se enfrenta a decisiones que tienen que ver con el gasto familiar y su estado emocional a la hora de cumplir con su medicación, dieta y actividad física.

Clínicamente la diabetes es un grupo de trastornos con complejas anormalidades metabólicas, fundamentalmente por insuficiencia absoluta o relativa de insulina, detonado por otras enfermedades previas o detonante de complicaciones.

La Federación Internacional de Diabetes (IDF), estimó en 2011 que 366 millones de personas padecían diabetes y la mayoría (alrededor del 80%) vivían en países de ingresos medios y bajos. Lo más grave es que surgen aproximadamente tres nuevos casos cada 10 segundos, o casi 10 millones al año. Los pobres son más propensos a tener mala salud, están expuestos a mayores riesgos personales y ambientales, están peor nutridos y tienen menos posibilidades de acceso a la información y a la asistencia sanitaria.

 La decisión de cambiar los hábitos alimenticios, pasa antes por las posibilidades económicas del enfermo. El costo de una dieta saludable es considerablemente más alto que el de una dieta de mala calidad. Además, cocinar aparte alimentos que el diabético debe consumir, propicia una sensación de alejamiento y sirve para confirmar su “condición de enfermo”, generando severas depresiones. A las verduras se les asume, no solamente como no sabrosas, sino como una comida de enfermos.

 Si los pacientes con diabetes no reciben una atención inmediata, después requerirán de un tipo de servicios más especializados, lo que implica mayores inversiones del gasto público, que actualmente en México es de 15% de los recursos destinados a la salud, pues se calculan aproximadamente 10 millones de mexicanos con la enfermedad aunque muchos no saben aún que la padecen.

 En el estado de México (3er lugar nacional en prevalencia de la enfermedad), la diabetes mellitus y su gradual incremento anual llevaron a la enfermedad a ubicarse, en 2004, como la principal causa de muerte, situación que no se ha revertido.

 Pero el proceso de salud-enfermedad se determina a partir de ámbitos de relación y convivencia propios del espacio familiar, laboral y comunitario. La familia es importante porque el seguir el tratamiento tiene que ver con la capacidad de recepción y solidarización del “sano”.

 El diabético lleva intrínsecos la pérdida de corporalidad y de la emoción por vivir, pues existe siempre el temor de las consecuencias de la enfermedad y se enfrenta a la decisión de transformar su cotidianidad y las formas de interacción a partir de transformar sus hábitos alimenticios, laborales, sociales y familiares, o bien, ignorar su estadio físico.

La calidad de vida del diabético dependerá del grado de satisfacción física, emocional, social y el sentido que le atribuye a la vida, factores que, a la par de la información, la prevención y otras acciones de las instituciones de salud, promueven su estabilidad como paciente crónico.

 

Fuente: “Pobreza y Salud en el estado de México” (Investigación de Norma González González)

&  Federación Internacional de Diabetes (IDF)

 

Por Yanet G. Sánchez Monroy

 

 

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